Ilusionarse

Una palabra,
una intención,
un mensaje,
una caricia,
una mirada,
un beso.

Cualquiera de ellas puede hacer que te ilusiones,
que quieras más,
que busques más a la otra persona.

A veces esa ilusión se alimenta para siempre,
otras, sólo se alimentan un tiempo
hasta que la fuente de esa ilusión se desvanece
y ahí surgen miles de preguntas silenciadas.

Pero tras la decepción, paras, vuelves a sonreír
y te preguntas ¿qué sería de la vida sin ilusionarse?

Silencio

Quisiste entrar en mi vida
y lo conseguiste día a día,
sin prisa, sin agobios,
poco a poco, palabra a palabra.

Al final entraste, y no sin titubeos,
dejé que entrases de lleno,
dejando ahora un vacío
en el que resuena el eco de los silencios.

Porque todo el ruido con el llegaste
se ha evaporado,
dejándonos en un silencio que, quizás,
tú no notas y a mí me vuelve loca.

Hay silencios que hablan más
que miles de palabras.

Me encanta(s)

El verbo encantar, en su acepción de gustar mucho,
es uno de mis verbos favoritos del castellano,
porque gustar, a veces, se queda corto
y adorar, muchas más veces, parece demasiado.

Cuando oyes a una persona decir “me encanta” lo-que-sea,
no sólo lo oyes, lo ves, sientes
un entusiasmo que no sabes explicar del todo,
pero sabes que ese lo-que sea es especial.

Vivir y sentir con la intensidad de que las cosas , aún las más sencillas, te encanten,
es lo que más me gusta de las personas,
porque, en el fondo, ver la pasión con la que la gente habla de lo que le encanta
y cómo lo disfruta es lo que hace que esa persona que tienes enfrente “te encante”.

A mí, por ejemplo, me encantan los atardeceres,
siempre me hacen sonreír porque te hacen creer que los finales pueden ser bonitos.

También me encanta el mar,
la sensación de inmensidad, que te atrapa y te asusta a partes iguales.

Me encanta el olor a palomitas porque eso significa que vas a disfrutar de una película,
buena o mala, no se sabe, pero que vas a tirarte de lleno a la magia del cine.

Me encanta ver en directo por primera vez a un grupo
y sentir que (me los he estado perdiendo mucho tiempo pero) se quedarán para siempre.

Me encanta reír y ver a la gente reír,
aunque no los conozca me gusta ver a la gente feliz.

Me encanta encanta la brisa marina, ese olor salado que te impregna los pulmones,
y me encantan los faros, porque aunque, mera decoración, son pura magia.

Me encanta leer un poema o una novela y no poder parar de sonreír, o llorar,
porque lo que cuenta es tan verdad que te toca de lleno por dentro.

Me encanta el olor a tierra mojada, los libros antiguos, las cartas escritas a mano, los abrazos, las fresas maduras que se deshacen en la boca, la nueva belleza de los lugares abandonados, descubrir sitios nuevos y que me sorprenda gente a la que creía conocer.

Y, desde hace un tiempo, me encantas tú,
aunque tú no lo sepas o no te interese saber.

Me encantan tus “buenos días” aún en la distancia,
me encanta cómo hablas de lo que te gusta y el brillo que aparece en tus ojos cuando lo haces,
me encanta tu risa, es bonita, aunque la dejas ver poco,
me encanta que hables mucho, mucho, pero luego seas tímido,
me encanta que, desde lejos, intentes estar presente y
que cada vez que aparezcas no pueda parar de sonreír.

Y, así, podría llenar muchas más líneas de me encanta(s),
pero, a estas alturas, no creo que (te) importen.

Esa costumbre mía de que me encante(s), pero no encantar(te).