Las “mujeres” de Bukowski

Me había acercado con tantas ganas y con tanta intriga a este libro que, quizás, sea ese el motivo por el que mi decepción haya sido tan grande. Tantas personas de mi entorno personal y literario parecen fascinados por esta novela que en cuanto la vi en la librería no pude resistirme y empecé con ella inmediatamente, pero no ha saciado mis expectativas.

Para aquellos que no la hayáis leído os explico un poco la trama. Henry Chinaski, el protagonista, es un escritor de unos 50 años, alcohólico y solitario, al que sólo parece interesarle la compañía femenina, por lo que nos narra sus viajes como poeta, de recital en recital, sus borracheras y sus “relaciones”, principalmente sexuales, con diversas mujeres.

Voy a dividir mi opinión en dos partes y empiezo con la parte positiva. Lo que sí me ha gustado y mucho de este libro es la escritura. Clara y concisa, no da demasiadas vueltas para explicar las cosas y eso tengo que decir que siempre son puntos positivos para mí. Como exponente del realismo sucio, Bukowski consigue trasladar a su forma de escribir todo lo turbio que le rodea y el caos a su alrededor.

Otro de los puntos fuertes de Bukowski es la rudeza con la que habla tanto del alcoholismo, del sexo y, en cierta manera, de las malas aventuras amorosas/sexuales/de vida, con un cierto halo de patetismo que en ocasiones resulta enternecedor.

Así, coges el libro y no puedes parar de leer, con diálogos rápidos, con escenas cortas e intensas, sin rodeos ni rellenos sin sentido.

Sin embargo, hay una parte de este libro que me ha resultado excesivamente cargante y es esa fuerte carga machista que se nota cuando describe a las mujeres con las que se acuesta. Que detalle, en ciertos momentos, sus encuentros sexuales es algo que destaco entre las cosas interesantes de este libro, pero la manera de hablar de esas mujeres me ha llegado a repugnar bastante.

Parece que todas las mujeres con las que se encuentra o se acuesta o están desequilibradas o son tóxicas o si no son simplemente un cuerpo bonito y joven para calentar su cama y satisfacer sólo el deseo sexual de Chinaski. Un deseo sexual que en la mayor parte de las ocasiones se resumiría así:  “No estaba seguro de si ella se había corrido o no. Yo sí”

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Viaje por “Tierra de campos”

“Al suprimir las esperas, las pausas, los ratos incomunicados, la gente será privada de lo accidental, lo azaroso, lo reflexivo. Será imposible enamorarse si existen los teléfonos móviles, porque todo se resolverá en un trámite expeditivo, y el amor es espera.”

Y así, a base esperas, pausas y reflexiones es como David Trueba se ha convertido en uno de los narradores más deslumbrantes de mi estantería y de las de nuestro país. La sencillez de su escritura, que sin esfuerzo lleva al lector de una escena a otra y de un tiempo a otro sin ni siquiera cambiar de párrafo, contrasta con la fuerza de las historias que narra. Historias de un momento y de un tiempo, que nunca caducan. Historias que hablan del amor, entendido en el sentido más amplio, historias de amistad, familia y viajes, casi siempre viajes.

Tierra de campos, es la cuarta novela que leo de David (ya tuteándole como si tuviéramos confianza) y ha vuelto a sorprenderme. Esta es la historia de un viaje o, más bien, de muchos viajes. El protagonista es Dani Mosca, un músico que vuelve al pueblo de su difunto padre para darle el entierro que cree que su padre hubiese querido tener y ese viaje, de apenas un día, se convierte en una travesía por su pasado.

El libro está planteado como si se tratase de un vinilo: Cara A y Cara B. La primera cara dedicada a la infancia y su inicio en la música. Una balada lenta de auto reconocimiento que nos permite conocer a su padre, muy padre de la época, a su madre con Alzheimer y vemos el surgir de Las Moscas: su grupo junto a Gus y Animal. La Cara B es más una sinfonía en la que la velocidad y la pausa se intercalan para relatarnos el viaje de Dani a Japón en una búsqueda del amor y de encontrarse, en cierta manera, a si mismo mientras aprende a vivir con la pérdida.

Y esa búsqueda, ese viaje y ese aprendizaje que durante 400 páginas David narra con maestría, no he podido parar de identificarme, de pensar y de soñar.

 

Una auténtica delicia lectora. 

Mis lecturas 2018

Empiezo esta entrada nueva en el blog para compartir con vosotros una de mis pasiones favoritas: la lectura. En principio, haré una lista con los libros que voy leyendo este año (por lo que iré modificando la entrada según empiece nuevas lecturas), por si queréis ideas para nuevas obras, pero tampoco descarto hacer pequeñas críticas/reseñas de los libros que más me llenen, que irá bajo la categoría de “lecturas”.

  1. Cómo ser mujer. Caitlin Moran
  2. Tierra de campos. David Trueba
  3. Mujeres. Charles Bukowski
  4. La hoguera de las vanidades. Tom Wolfe

 

Debemos, pero a nuestra manera

La sociedad nos enseña:
debemos ser complacientes,
debemos ser bellas, como nos dictan que tenemos que ser,
debemos ser sexys, pero no vulgares,
debemos tener novio, casarnos y tener hijos, porque es lo “normal”,
debemos ser silenciadas por una sociedad que nos quiere así,
calladas, olvidadas, ignoradas.

Nosotras le enseñamos a la sociedad:
somos independientes,
somos contestarias,
protestamos cuando nos tratan como puros trozos de carne,
somos sexys, cada una a nuestra manera, y disfrutamos de ello,
somos madres, si queremos serlo no porque sea “nuestro deber”,
tenemos pareja, pero también sabemos vivir sin ella,
pero sobre todo alzamos nuestra voz cuando nos imponen sus estereotipos.

Luchamos para decirle a la sociedad que nuestra voz importa
porque no pueden silenciar a la mitad de la población mundial,
porque unos pocos no pueden dictaminar lo que somos o cómo lo somos,
porque no nos pueden imponer cómo vivir,
porque no vamos a dejar que sigan pensando que nuestros cuerpos les pertenecen
porque no pueden seguir usándonos nuestros cuerpos como armas de guerra.

Nuestra voz importa porque somos libres
y seguiremos usando nuestra voz hasta que todas las mujeres sean siempre libres.